Si hay algo que he podido confirmar a través del tiempo, es que no nos conocemos lo suficiente. Hemos estado desconectadas de nuestro ser durante muchos años y aún así pretendemos proyectar una imagen radiante o impecable sin saber qué realmente es lo que queremos o necesitamos.

Recientemente lancé y llevé a cabo un reto de autodescubrimiento, en el que participaron un grupo de 16 mujeres valientes. Los resultados fueron extraordinarios, pero durante el proceso pudimos comprender cuán importante es detenernos para indagar en nosotras y encontrar respuestas en nuestro interior.

Verdades sin conocer

El autodescubrimiento es un proceso mágico, pero lento. No ocurre sin la disposición ni el compromiso de tu parte. Tampoco se debe hacer bajo presión, sino de manera voluntaria y con la genuina intención de ser una mejor versión de ti.

Hay demasiadas verdades sobre cada una de nosotras que todavía no conocemos o que sabemos que están ahí, pero no las dejamos salir. Y ahí viene uno de los grandes problemas, pues no queremos aceptar lo que es. La imagen que hoy proyectamos trae consigo una historia única que si no conocemos, no es posible contarla con autenticidad.

Miedos por soltar

¿Qué harías si no tuvieras miedo? Esta pregunta es crucial para comenzar a descifrar cuáles son los límites, autoimpuestos o externos, que nos mantienen atadas a las mismas creencias y miedos desde nuestra infancia. Detrás de cada elección que haces actualmente hay un por qué.

A la hora de vestirnos escogemos un «outfit» por una razón, consciente o inconscientemente, y es ahí donde necesitamos pausar para cuestionarnos el por qué y encontrar respuestas alineadas a nuestra esencia. «No quiero llamar la atención con una blusa fucsia», «no debo ponerme un pantalón muy corto» o «no debo estar tan pendiente de arreglarme, eso es vanidad», ¿has expresado algo similar antes o te has encontrado dudando sobre la idea de dedicarle más tiempo a tu arreglo personal?

Hay mucha información en cada uno de los diálogos internos que nos susurran diariamente y también en las decisiones que tomamos respecto a nuestra imagen. Es importante escuchar esta información, analizarla y comprenderla para soltar los miedos que puedan estar atándonos o impidiendo que nos proyectemos desde la esencia.

Empezar por lo básico

Hay acciones simples que puedes comenzar a practicar para ver pequeños cambios reflejados en tu imagen y en cada uno de sus componentes. No puedes proyectar seguridad, coherencia ni amor propio si no estás conectada contigo y con tus necesidades.

Una de las tareas más básicas es mirarte al espejo diariamente, regalarte palabras de amor y comenzar a disfrutarte más en el momento presente. A la hora de vestirte, pregúntate cómo te sientes y en lugar de ponerte la misma blusa negra de siempre, escoge un color que represente tu emoción del día.

Permítete tomar decisiones diferentes a la hora de cuidarte como mujer. Salir del modo automático es clave para comunicar un mensaje auténtico y amoroso a través de tu imagen. Eres prioridad.

Te invito a dar un paso de amor propio que te ayude a descubrirte para proyectar una imagen consciente y expresarte diferente.

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